Introducción La expansión global a velocidades meteóricas de la Inteligencia Artificial se presenta hoy como una promesa teñida de una retórica del progreso, inclusión y desarrollo sostenible. No obstante, esta narrativa encubre una transformación más profunda: la automatización del saber y su integración plena a la maquinaria del mercado capitalista. Los discursos producidos en la Cumbre sobre el Impacto de la Inteligencia Artificial (IA) de 2026 en India, en el marco de los foros del G20, constituyen un ejemplo paradigmático de este fenómeno. En estos discursos, la IA aparece como infraestructura inevitable del futuro. Mientras, la ética se circunscribe a un puñado de principios de gobernanza destinados a “acompañar” –y no a cuestionar– el proceso de aceleración tecnológica. La expansión de la IA no responde solo a criterios de eficiencia técnica, sino a una lógica más profunda de aceleración estructural que convulsiona la economía, la política, el erotismo y la subjetividad. El artículo a continuación propondrá interpelar este conjunto de relaciones desde una perspectiva ética y psicoanalítica, recuperando la anticipación lacaniana de cibernética y lenguaje, e incorporando las más recientes teorías aceleracionistas como clave de lectura de las relaciones entre saber, máquina y sujeto. A su vez, se realizará una breve analogía en clave cinematográfica con extractos de Her (Jonze, 2013) y Companion (Hancock, 2025). ¿Podría una creación en un supuesto beneficio del humano devenir en un “monstruo contemporáneo”? El discurso de Sam Altman: entre ética, mercado y destino tecnológico En la Cumbre sobre el Impacto de la Inteligencia Artificial (IA) celebrada en India en febrero de 2026, Sam Altman –director ejecutivo de OpenAI–, presentó a la misma como una herramienta de progreso global, señalando que "la democratización de la IA es la mejor manera de garantizar que la humanidad prospere" (Noticias DW, 2026). Altman encarna así una figura clave del capitalismo algorítmico y del saber automatizado, el cual exhibe a la IA como algo universalizable y éticamente gestionable. Este discurso se inscribe en una “política de la inevitabilidad”, en donde la IA ya es un hecho y no se discute. El futuro llegó hace rato, solo resta administrarlo de manera responsable. La ética bajo este marco corre el riesgo de no operar como límite estructural necesario, sino como un dispositivo de legitimación. Los líderes europeos, aunque enfatizan en derechos, transparencia y regulación, comparten el mismo presupuesto de que la IA debe desplegarse para no perder competitividad global. Así, la IA aparece presentada como superadora de desigualdades históricas y aceleradora del desarrollo, y su regulación no apunta a frenar la aceleración, sino a hacerla sostenible. India, por su parte, propone una narrativa de “aceleración inclusiva”, donde el desarrollo del Sur Global se asocia a la integración masiva en infraestructuras digitales, economías de datos y sistemas algorítmicos de gestión (INDIAai, 2026). Siguiendo a Lacan (1972), la pretensión de inclusión del individuo al sistema desoyendo su dimensión subjetiva no garantiza su inscripción simbólica, sino más bien una adaptación funcional al mercado, lo que profundizaría la alienación del sujeto. Lacan y el saber sin sujeto Desde mediados del siglo XX, la cibernética introdujo un cambio radical en la concepción de la comunicación. En ese contexto, Lacan fue uno de los pocos pensadores que vislumbró tempranamente que la máquina no debía pensarse solo como instrumento técnico, sino como modelo de formalización del lenguaje y del lazo social. Hoy, en el marco del capitalismo global y de la aceleración tecnológica, la IA aparece como heredera directa de aquella lógica cibernética, pero integrada plenamente al mercado. En su Seminario II, Lacan se interesa por la cibernética en relación al saber y su postura es clara: la máquina puede simular el funcionamiento del lenguaje, pero no el deseo. Para Lacan (1954-1955), la cibernética revela que el lenguaje puede ser formalizado, y que el saber puede organizarse como una cadena significante automática y circular sin obligatoriedad de un sujeto. Para el psicoanálisis, el sujeto del inconsciente se define por la falta, por la imposibilidad de cerrarse sobre sí mismo. La cibernética, en cambio, revela un saber que funciona sin falta. La IA contemporánea no hace más que realizar técnicamente esta separación, integrándola al mercado capitalista. No obstante, el psicoanálisis introduce un límite estructural, ya que el sujeto del inconsciente no es reducible a información, ni a cálculo, ni a optimización. Esta distinción resulta central para pensar la IA actual ya que los sistemas algorítmicos operan sobre el saber, pero desconocen de la división subjetiva. Profundizando en el tema, Jacques-Alain Miller señala que en la época actual los ideales, el goce y el lazo social se ven reorganizados por dispositivos que prometen cálculo, previsibilidad y control, desgastando el lugar de la singularidad y del deseo (Miller, 2005). Miller (2005) continúa esta idea señalando que la época actual fabrica un Otro que responde siempre, debilitando el lugar de la falta. Ahora, retomando las elaboraciones de Lacan sobre la cibernética y la circulación de un saber sin sujeto, las máquinas pueden operar con los significantes, pero no acceden al deseo, ni a la falta que constituye al sujeto del inconsciente. Algoritmo: entre el individuo y el sujeto Uno de los puntos más conflictivos de la contemporaneidad es la confusión entre individuo y sujeto. ¿Dónde radica su diferencia? La IA opera sobre individuos: perfiles, patrones de conducta, y preferencias. El psicoanálisis se ocupa del sujeto: dividido, opaco para sí, propio del efecto del lenguaje. La automatización del saber produce una forma específica de desubjetivación: el sujeto no es reprimido, sino convertido en algo superfluo. Cuando las decisiones, recomendaciones y saberes son delegados a sistemas algorítmicos, se produce una desubjetivación estructural, en línea con el ideal aceleracionista del mercado. El saber se externaliza, la responsabilidad subjetiva se diluye y la falta es negada. El aceleracionismo no oprime al sujeto: lo sustituye. Lacan (1972) formaliza el discurso capitalista como una mutación del discurso del amo en pos de la eliminación de la imposibilidad y el rechazo de la castración. Este discurso promete un circuito sin pérdida, resto ni límite. La IA se inscribe perfectamente en esta lógica, prometiendo optimización permanente, eliminando la espera, reduciendo la falta a error técnico, transformando el deseo en demanda calculable. En este circuito, se pretende sustituir al sujeto por el usuario, el perfil o el dato. El aceleracionismo, como un ejemplo, no es sino la radicalización de este discurso. Allí donde Lacan introduce una advertencia estructural, el capitalismo algorítmico responde con intensificación. La teoría aceleracionista, en su versión tecno-capitalista, celebra esta integración como destino histórico: cuanto más se acelera el sistema, más se revela su verdad. Desde esta perspectiva, la IA no es una herramienta neutral, sino el corazón central de la aceleración capitalista. Como advierte Fisher (2009), el realismo capitalista tiende a colonizarlo todo como la “única alternativa posible”, siendo más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo en sí mismo. La aceleración algorítmica profundiza esta visión al reducir el tiempo de reflexión y eliminar el vacío necesario para el deseo. Aceleracionismo: un más allá del límite ¿Pero si tal vez ir más allá del capitalismo no es a través de una nueva ideología, sino acelerando al mismo capitalismo? El aceleracionismo trasciende una doctrina, filosofía, o estética. Busca acelerar el capitalismo y los avances en tecnología para provocar un cambio lo más radical posible, hasta el punto tal de alcanzar una “singularidad tecnológica” que colapse el capitalismo imperante y produzca un salto superador hacia algo nuevo (Land, 2011). El movimiento aceleracionista nace en la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética o CCRU formada en Reino Unido en 1995 por Nick Land, hasta que este tuvo una crisis por consumo de anfetaminas, disolviendo el grupo antes del año 2000. Durante su desarrollo, el grupo escribió textos explorando los límites de la humanidad en relación con el progreso de la tecnología, combinando performance con nociones de ocultismo y psicología. Marx, Deleuze, Guattari, Baudrillard y Derrida son algunos de los exponentes que influenciaron a este movimiento, analizando desde el concepto de lucha de clases a la destrucción y mutación de relaciones sociales en fenómenos tales como la desterritorialización, entre otros. La hiperstición [1] es un concepto clave dentro del colectivo que hace alusión a una idea que se refuerza a sí misma en una suerte de profecía autocumplida, haciendo hincapié en que si se piensa que la tecnología podría dominarnos, esto genera las condiciones para que ello suceda. En cuanto a su expresión estética, el aceleracionismo encuentra su inspiración en elementos como la ciencia ficción, el cosmic horror, el ocultismo, el cyberpunk/steampunk, la música jungle, drum and bass, dubstep y todo lo que implique luces estridentes, ediciones rápidas, beats repetitivos que suban el ritmo cardiaco en una sensación de velocidad hacia el futuro. Actualmente, este movimiento se divide en dos grandes corrientes. El aceleracionismo de derecha –encabezado por Land–, busca saber si acelerando al propio capitalismo a través de la industrialización, comercialización y desarrollo tecnológico este puede evolucionar hacia algo diferente (Land, 2011). Se trata de alcanzar lo más aceleradamente posible una sociedad regulada por la IA, dispositivos nanotecnológicos y cuerpos genéticamente manipulados que vayan más allá de lo humano. Este conjunto de ideas –sobre todo su vertiente derechista– se vuelve un ominoso culto a la muerte en torno a la desterritorialización hasta la deshumanización del capitalismo, resignándose a pisar el pedal maniáticamente hacia un final a toda prisa. Así, ¿podría pensarse al aceleracionismo como una celebración de la impotencia humana frente al aparato del mercado? Las versiones posteriores, como el aceleracionismo estratégico de izquierda propuesto por Srnicek y Williams (2015), no cuestionan esta dinámica, sino que intentan redirigirla políticamente. Los aceleracionistas de izquierda buscan generar una sociedad “post-escasez”, donde gran parte de la población tenga acceso a todo tipo de bienestar facilitado por el desarrollo de alta tecnología, apoyando medidas como la automatización, la reducción de horas laborales, y la renta básica universal. Por otro lado, las xenofeministas como Helen Hester (2018) se preguntan por la liberación de los seres humanos de sus roles de género y biológicos por medio de la modificación y manipulación corporal-sexual. El transhumanismo y posthumanismo hacen mella también en el aceleracionismo, con el deseo de crear nuevos seres humanos con tecnología, o crear seres más allá de lo humano, con IA, drogas, simulaciones, modificaciones corporales, etnogénesis o eugenesia. En ambos casos, tanto de derecha como de izquierda, la aceleración permanece como presupuesto incuestionado. El mercado y la técnica tienden a fusionarse en un proceso impersonal que disuelve toda mediación simbólica. Desde el punto de vista ético, el aceleracionismo introduce una mutación decisiva en cuanto al avance tecnológico dejando de ser objeto de deliberación para convertirse en destino. La IA se convierte así en el dispositivo privilegiado para acelerar la producción de conocimiento, la toma de decisiones, la gestión de poblaciones y la circulación de capital. Bajo una perspectiva lacaniana, esta aceleración implica un desplazamiento del lazo social hacia un discurso sin sujeto, donde la mediación simbólica es reemplazada por la eficiencia técnica. No se trata solo de un cambio en la forma de entender la economía en tiempos de aceleración, sino de una mutación discursiva profunda, en pos de la afectación del núcleo real en lugar de la transformación de lo simbólico (Kletnicki, 2000). Y desde el psicoanálisis esta posición resulta problemática, ya que elimina la existencia de la falta, coarta la dimensión del conflicto, y sustituye la pregunta del deseo por la promesa de optimización total. Ética del límite: dos ejemplos cinematográficos ¿Cómo repercute este avance tecnológico en la política del eros y del lazo social? La ética dominante de la IA se formaliza en torno a principios de optimización: minimizar los daños, maximizar los beneficios, asegurar la eficiencia. Como señala Noys (2014), el riesgo del aceleracionismo es convertirse en la ideología misma del capitalismo. Desde el psicoanálisis, esta ética resulta insuficiente, porque no introduce la dimensión de la falta, ni interroga al mandato mismo de la aceleración. Así como pudo advertirlo Lacan en sus escritos sobre cibernética, cuando el saber se autonomiza, el sujeto corre el riesgo de desaparecer como pregunta. El psicoanálisis propone una ética radicalmente distinta: una ética del límite. ¿Límite en qué sentido?: al saber total, al control absoluto, a la aceleración sin pausa. La tecnología correría el riesgo de convertirse en un arma de doble filo si sobrepasa su función de prótesis para los sujetos, al desdibujarse los límites simbólicos en torno a lo real. En torno a este dilema se puede hacer mención de dos obras significativas dentro del cine contemporáneo: 1. En el film Her (2013), Spike Jonze introduce la historia de un hombre llamado Theodore (Joaquin Phoenix), recientemente separado de su pareja, el cual se muestra visiblemente melancolizado frente a este hecho. Es a través de un sistema operativo virtual a modo de IA llamado Samantha (cuya voz es interpretada por Scarlett Johansson) que Theodore pasa de la melancolía del recuerdo de su ex esposa, a relacionarse con este software estableciendo un vínculo que despierta sentimientos amorosos en él. De este film se extraen fragmentos cruciales, como una escena en donde Theodore le pregunta a Samantha si está enamorado de él o de más usuarios, sobre la cual Laso y Michel Fariña señalan (2023): Cuando el software le dice al personaje que ama a “unas 641 personas”, está claro que no puede inteligir qué sentido tiene “amar” para el campo humano, sentimiento que queda reducido a “interés especial por un individuo en tanto aporta nuevos datos informativos para desarrollar la red cognitiva”. Así, el film retrata críticamente nuestra dependencia cada vez mayor a la tecnología y a una vida programada, y la sustitución del encuentro con el semejante por vínculos virtualizados y alienados al orden digital (pp. 2-3). Theodore, al interpelar a la IA Samantha lo hace consternado, dividido, angustiado, preguntando desde una lógica del amor que se dirige a la falta, a la castración, cosa que el software programado dentro de la lógica del algoritmo sin-límite no entiende. La lógica del sistema al que Johansson le da “vida” se reduce a datos, parámetros superficiales, estadísticas. De hecho, el software le brinda “razones” en cuanto a que a mayor cantidad de usuarios pueda “amar”, mayor será la optimización de sus funcionalidades para “amar mejor” a Theodore, como si las artes amatorias se tratasen de un “perfeccionamiento” con varios usuarios en pos de ofrecerle el mejor servicio. Tal como señalan Laso y Michel Fariña (2023) en el mismo artículo: En un giro irónico de la trama, la IA pasa de ser mediación instrumental a constituirse en el objeto mismo con el que nuestro héroe se apasiona, armándose una locura de amor. En la ficción narrativa, como la vida en la que se inspira, la transformación de lo simbólico ha devenido afectación del núcleo real (p. 3). ¿Cómo hacer de la IA una herramienta que devenga transformación de lo simbólico y no afectación de núcleo real? Este es uno de los desafíos más espinosos y urgentes de la ética tecnológica contemporánea. 2. En una creación más reciente, el film Companion (Hancock, 2025) aborda la temática de la IA en una mezcla de comedia negra y thriller, planteando varias preguntas, entre las que sobresale una: ¿qué sucedería si un humano tuviera relaciones sexuales con un robot? Así, la trama se centra en Josh (Jack Quaid) quien está de novio con Iris –un nombre que es anagrama invertido de “Siri”– (Sophie Thatcher). Josh le propone irse a una casa de fin de semana con amigos, a lo que Iris acepta. Luego de que el dueño de la casa, Sergey (Rupert Friend) intentara abusar sexualmente de Iris, esta lo ataca matándolo, descubriéndose luego que Iris se trató siempre de un cyborg programado. En la película, los humanos han alcanzado la posibilidad de poder adquirir su propia cyborg que haga las veces de “compañera perfecta”. Estos robots están programados bajo varios recuerdos falsos que permiten crear una identidad ficticia, incluyendo la primera vez que conocieron y se enamoraron de su usuario, al cual le deben fidelidad absoluta. Este anoticiamiento “conmueve” al cyborg, quien “cae en cuenta” de lo falaz de su existencia, la cual está a servicio de un tercero que la utiliza para usufructo propio. Josh ejerce un control absoluto mediante una aplicación móvil en su celular, reduciendo la existencia de Iris a un mero instrumento de goce. La figura de Iris se presenta inicialmente como un suplemento libidinal diseñado por la corporación Empathix, en un intento –fallido– de colmar la falta estructural del sujeto. Aunque Lacan (1954-1955) señala que las máquinas son meras sucesiones de 0 y 1 (p. 471), el problema central del film sucede cuando en la programación de esta lA “emerge” una “chispa” subjetiva que no estaba prevista en el código. ¿Es posible una ética del reconocimiento cuando el otro es una construcción algorítmica? ¿Qué ocurriría si el objeto del mercado acelera su propia evolución para escapar de la mano del Amo? La película propone analizar en una primera capa de lectura el hipotético escenario de la transición de Iris –un ente IA– de un objeto de consumo a un sujeto deseante. Retornando ahora a Lacan (1969-1970), este indica que el discurso de la ciencia tiende a producir un saber que excluye la división subjetiva, promoviendo una ilusión de dominio total. Companion se convierte así en una sátira tragicómica en relación a la obsesión por el control, el dominio y el cuestionamiento de la ética. Exponiendo una hipótesis sobre la relación humano-máquina sin el objetivo de posicionarse en un aleccionamiento moral, instaura preguntas inquietantes como: ¿aún si la IA o las máquinas son puras combinaciones significantes sin sujeto en términos lacanianos, eso da permiso de ejercer un abuso sobre las mismas? ¿Si la relación con una inteligencia artificial se da a través de su programación para satisfacer el deseo de un tercero, puede esto convertirse en un vínculo real? Esto invita a pensar una segunda capa de lectura, en torno al fantasma de Josh, su responsabilidad subjetiva y el lugar que ocupa Iris dentro de ese circuito fantasmático. Así como en Her la tecnología aparece como el soporte ficcional para dar cuenta del desencuentro del sujeto con su deseo, Companion debe ser leída en una cuerda análoga. Se trata de poner entre paréntesis el carácter fantástico del film, para situarlo al servicio de una lectura con coordenadas clínicas. Con este cambio de luces, Companion es menos un film sobre inteligencia artificial que sobre las relaciones entre los géneros. O más exactamente se presenta como una crítica radical al machismo, al sexismo e incluso a la homofobia. La mujer, que pasa de ser sometida por la voz del amo a empoderarse, arriesga volcar la película hacia una suerte de #MeToo en clave cyborg. Se trata por lo tanto de recuperar sus coordenadas más allá de las políticas de género (sin desatenderlas) en términos de las fórmulas de sexuación. En esta línea, retomando la perspectiva clínica, la película exhibe una dinámica perversa entre dos personajes, comparable a la de ciertas “relaciones amorosas” que las y los pacientes relatan en el consultorio. Se trata de relaciones con partenaires en lugares de dominante-dominado, cuya salida es siempre por la vía trágica, como la de Iris en el film, por medio de un pasaje al acto dirigido hacia Josh. La cinta expone no solo los riesgos de una tecnología desmedida, sino el ejercicio de poder y deseos de control en el humano, gesto que se evidencia cuando Josh le otorga una inteligencia del 40% a Iris de tal forma que él pueda sentirse superior inclusive intelectualmente. Y aquí se inaugura una nueva pregunta: ¿cuál es el lugar que ocupa Iris en el deseo de Josh? Slavoj Žižek señala (en un guiño hacia la cibernética) que la fantasía tecnológica contemporánea no busca realmente un otro, sino un objeto que garantice la ausencia de conflicto (Žižek, 2008), dejando ver así que al disminuir la inteligencia de su partenaire más que una compañía lo que Josh busca es un vínculo de subordinación. ¿Es así que el deseo de control –en las relaciones– se intensifica cuando una de las partes carece de medios para presentar oposición? Iris hace las veces de objeto a, aquel resto que causa el deseo de Josh, pero que no posee estatus de sujeto. En referencia, Lacan (1962-1963) señala que “el objeto a es el motor de la estructura, pero es un objeto que no tiene imagen, es una pura falta". Josh utiliza caprichosamente la aplicación para moldear a Iris y obturar la falta según su conveniencia. La relación entre Josh e Iris es una reactualización de la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo, en donde Iris es subvertida a la categoría de "cosa" bajo control digital. Sin embargo ante el asesinato de Sergey, Iris deja de ocupar solo el rol de "robot de compañía", enfrentando a Josh a su propia verdad ex-sistencial. Conclusiones Si bien se analizan dos films que orbitan en torno al vínculo de la IA con los humanos, el actual desarrollo de plataformas de inteligencia artificial muestra que estas representaciones ya no pertenecen exclusivamente al terreno de la ciencia ficción. Cuando Her hace su aparición, la posibilidad de mantener conversaciones extensas y emocionales con un sistema artificial todavía no estaba disponible para el público general. El cine, una vez más, se anticipó retratando una forma de vinculación que posteriormente comenzó a materializarse. Casi una década más tarde del estreno de Her, surge “Character.AI”, una plataforma fundada en 2021 por Noam Shazeer y Daniel De Freitas, ex investigadores de Google. El servicio público de esta IA comenzó en septiembre de 2022 con una versión beta que permitía interactuar con personajes conversacionales creados mediante modelos de lenguaje avanzados. La plataforma permite a los usuarios crear personajes artificiales con personalidad, estilo lingüístico y memoria conversacional, generando interacciones prolongadas que pueden adquirir dimensiones emocionales o narrativas. Ya en su página promueven que “si puedes imaginarlo, puedes darle vida: desde héroes hasta escenarios, historias y desafíos” [2]. En pocos años, esta aplicación alcanzó millones de usuarios activos y se convirtió en uno de los espacios más populares de interacción con agentes conversacionales. Companion aparece en un contexto histórico muy diferente al de Her. A diferencia de Her, cuando la interacción afectiva con inteligencias artificiales era todavía una especulación narrativa, para el momento de producción de Companion ya existían estas plataformas ampliamente utilizadas que permitían sostener conversaciones prolongadas con agentes artificiales, siendo este film una reflexión cultural sobre tecnologías que están presentes en la vida cotidiana. Así, Her representaría una hipótesis ficcional anticipatoria sobre el vínculo humano-IA, “Character.AI” constituiría la materialización tecnológica parcial de esa ficción, y Companion aparecería en un momento en donde estas interacciones ya fluyen socialmente. Desde esta perspectiva, ¿son estos films unos imaginarios culturales que influyen en la aceptación o el rechazo social de tecnologías emergentes?, ¿qué efectos producen estas plataformas digitales que introducen un nuevo interlocutor en el campo del lenguaje?, ¿qué lugar queda para el sujeto en un saber cada vez más automatizado? Interrogantes en torno a un agente artificial capaz de sostener intercambios que pueden funcionar como soporte de proyecciones, fantasías y modalidades contemporáneas del erotismo y del lazo social. Referencias Fisher, M. (2009). Capitalist Realism: Is There No Alternative?. London. Zero Hancock, D. (Director). (2025). Companion [Película]. New Line Cinema. Hester, H. (2018). Xenofeminismo. Tecnologías de género y políticas de reproducción. Buenos Aires. Editorial Caja Negra INDIAai. (2026). About the Summit. India AI Impact Summit 2026. https://impact.indiaai.gov.in/about-summit Jonze, S. (Director). (2013). Her [Película]. Annapurna Pictures; Warner Bros. Pictures. Kletnicki, A. (2000). "Un deseo que no sea anónimo. Tecnologías Reproductivas: transformación de lo Simbólico y afectación del Núcleo Real", en La encrucijada de la filiación, J. J. Michel Fariña y C. Gutiérrez (comp.), Buenos Aires. Editorial Lumen. Lacan, J. (1972). Conferencia “Del discurso psicoanalítico”, dictada en la Universidad de Milán el 12 de mayo de 1972. Inédita. Traducción de la Conferencia de Lacan en Milán del 12 de mayo de 1972. Recuperado de: https://www.elsigma.com/historia-viva/traduccion-de-la-conferencia-de-lacan-en-milan-del-12-de-mayo-de-1972/9506 Lacan, J. (1954–1955). Seminario II: El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica. Buenos Aires. Editorial Paidós. Lacan, J. (1962-1963). Seminario X: La Angustia (1ª ed.). Buenos Aires. Editorial Paidós. Lacan, J. (1969-1970). Seminario XVII: El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires. Editorial Paidós. Land, N. (2011). Fanged Noumena: Collected Writings 1987–2007. London. Urbanomic / Sequence Press. Laso, E., Michel Fariña, J. J., (2023) ¿Inteligencia Artificial? Aesthethika. Revista internacional de estudio e investigación interdisciplinaria sobre subjetividad, política y arte. Vol. 19. Núm. 2. Recuperado de: https://aesthethika.org/Inteligencia-Artificial Miller, J.-A. (2005). Capítulo 5: La máquina y el sujeto. En El hueso de un análisis (1a ed.). Buenos Aires. Editorial Tres Haches. Miller, J.-A. (2005) El Otro que no existe y sus comités de ética. Buenos Aires. Editorial Paidós. Noticias DW. (2026, 19 de febrero). Sam Altman: el mundo necesita "urgentemente" regular la IA. Noticias DW. https://www.dw.com/es/el-mundo-necesita-urgentemente-regular-la-ia-dice-el-director-de-openai-sam-altman/a-76030987 Noys, B. (2014). Malign Velocities: Accelerationism and Capitalism. London. Zero Books. Roth, C., Avanessian, A. (Directores). (2015). Hyperstition [Documental]. Hyperstition Productions. Srnicek, N., & Williams, A. (2015). Inventing the Future: Postcapitalism and a World Without Work. London / New York. Verso. Žižek, S. (2008). Violence: Six sideways reflections. New York. Picador.
Books.
NOTAS
[1] Para más información, se sugiere el visionado del documental Hyperstition (2015) de los directores Christopher Roth y Armen Avenassian, con las apariciones y menciones a JG Ballard, Nick Land, Quentin Meillassoux, Reza Negarestani, Helen Hester, Alex Williams, Nick Srnicek y Slavoj Žižek.


